lunes, 25 de enero de 2010

BALDEAR EN EL POZO.


Cuando chico, muchas veces me tocò ir y venir del pozo al eucalipto, y de este al pozo,montado en un caballito que, a lazo,baldeaba el agua para el ganado sediento.El brocal sobresalìa quizà algo màs de un metro sobre la tierra.Era de labrillos y estaba coronado por unos troncos arqueados que lo protegìan del desgaste.El pozo familiar era como un misterio. Muy pocas veces me asomè a èl siendo chico.A su alrededor se habìa tejido todo un mundo de miedos y respetos.La palabra desmorornar la aprendì ligada al pozo familiar que nos proveìa de agua.Tenìa encima el molino, con todo su andamiaje de hierro.Su caño estaba siempre mojado por la condensaciòn del aire hùmedo contra el friò producido desde el interior por el agua.Normamente, los molinos y las bombas suelen contar simplemente con una perforaciòn por la que el caño penetra hasta la vena de agua.Pero en nuestro caso se trataba de un pozo.

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