sábado, 23 de enero de 2010

La habitaciòn del hijo.


Lo conoce mejor que a ella misma.O creìa conocerlo, porque el joven silencioso y reservado que ahora vive en la casa le parece, en ocasiones, un extraño.El niño dejò de serlo hace tiempo. A veces, cuando està fuera, la madre se queda un rato en su habitaciòn,callada, mirando los objetos, los libros - ella comprò los primeros y los puss allì, soñando con el lector que alguna vez serìa-, las fotos de amigos, de chicas.Las medallas que gano en el colegio, tenaz, esforzado.Valiente como ella procurò enseñarle a ser. Con el ejemplo del padre: un buen hombre que nunca dice tres frases seguidas, pero jamàs faltò su deber, ni hizo nada que no fuera honrado.Que educò al hijo con màs ejemplo que palabra. Inmovil en la habitaciòn, aspira cu olor.Desde hace muchos es seco,masculino.Distinto del que tanto añora: aroma de cuerpecito menudo pijama, olorcillo a carne tibia, casi a fiebre.A bebè y niño pequeño, que con el tiempo se desvanece y no regresa nunca. El criò que aparecìa en la cama a medianoche con las mejillas hùmedas, despuès de una pesadilla, para refugiarse a su lado, entre las sàbanas. Quizà algùn dìa recuperase ese olor con un nieto.

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