sábado, 21 de mayo de 2011

ESTABA VIVIENDO EL SUEÑO DE MI VIDA.




El fotógrafo español Manu Brabo, detenido durante un mes y medio en Libia por la Policía de Muamar Gadafi, aseguró ayer que no se arrepiente de haber viajado al país norteafricano y dijo que cuando le arrestaron «estaba viviendo el sueño de mi vida y haciendo mi trabajo todo lo bien que he sabido». Brabo llegó a Barajas ayer a mediodía desde Túnez, acompañado del embajador de España en ese país, Antonio Cosano, y, aunque dijo que no sabe si volverá a Libia, «porque si me pillan una segunda vez no sé si me voy a salvar», reconoció que le da envidia ver el trabajo que están realizando sus compañeros en Misrata.
Ante más de cien periodistas, el fotógrafo asturiano relató su cautiverio junto a su madre, Victoria Brabo, y a su padre, Manuel Varela, que con voz entrecortada y lágrimas en los ojos agradecía la labor del Ministerio de Asuntos Exteriores.
También destacó el «apoyo y respeto» de la prensa y de los amigos, y Manu Brabo confesó, sin poder contener la emoción, «estar flipado» al ver en Internet la campaña puesta en marcha para su liberación.
Brabo fue detenido el pasado 4 de abril en la carretera entre Brega y Ajdabiya, en la zona oriental de Libia cuando cubría el frente de combate. «La cagamos un día pisándolo igual un poco más de lo que lo teníamos que pisar», recordó el fotógrafo, que relataba que estaba en primera línea cuando hubo un ataque del ejército de Gadafi y los rebeldes huyeron y «nos dejaron allí».
«Nos acercamos a la carretera y comenzaron a disparar sobre nosotros. Nos pillaron y, como en una película, se bajan del coche, te fríen a culatazos, te suben a un 'pick-up', te llevan a una casa, de allí a otro sitio y te someten a un primer interrogatorio con los ojos vendados».
Así comenzó, según Brabo, un periplo en celdas de aislamiento, en prisiones con otros reclusos y en villas, mientras se sucedían «unos juicios en los que se repetían las mismas preguntas, las mismas acusaciones y nunca había veredicto».
Finalmente, fue el pasado martes cuando a Brabo y a otros tres periodistas capturados por el régimen -los reporteros estadounidenses James Foley y Clare Morgana Gilles y el británico Nigel Chandler- les juzgó un tribunal administrativo de Trípoli que les condenó a un año de prisión sin cumplimiento y a una multa de 200 dinares libios (154 dólares) a cada uno por entrada ilegal en el país. «Tras ese juicio, en el que el fiscal que nos había interrogado en otras ocasiones se puso en cinco minutos la toga e hizo de juez», según Brabo, «se nos declaró inocentes».
Manu Brabo tiene previsto «tratar de hacer vida normal» con familia y amigos, además de descansar en su Asturias natal, después de «tomar unas cervezas en Madrid».


Foto. Manu Bravo, junto a su madre, ayer, en Barajas.

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