domingo, 19 de diciembre de 2010

LOS ABUELOS DEL ¨GORDO¨.


Los niños de San Ildefonso también crecen. Ellos cantaron el primer premio en el 39 y guardan historias increíbles que hablan de la fortuna de la lotería de Navidad, pero también de hambre y desgracias.El miércoles 22 de diciembre es el día de la lotería de navidad que reparta suerte y el 6 -2o11, de enero es el sorteo del niño.

Trece mil... noventa y tres. ¡¡Quince millones de peseeeeeetas!!». En una grabación ajada sacada del NODO, lo grita la voz aguda de un niño del 39, chaparro, nervioso, con gorra de plato, guantes blancos y la luz de la ilusión en unos ojos muy abiertos. Usa el soniquete como melodía del teléfono móvil Manuel Viñuales, ese mismo niño que cantó el Gordo de la Navidad y que dio la primera buena noticia para una España desastrada por la Guerra Civil. El mismo chaval, una vida después, con su voz ronca, sus canas, su aplomo y sus 84 años, iluminados por aquella serie de cinco cifras que le cambiaron el destino. «Escucha, este soy yo. Lo oigo muchas veces y siempre vuelvo a ser ese niño». Uno, tres, cero, nueve, tres. La combinación, en dulce asociación con la suerte, le permitió a Viñuales ser el protagonista de un auténtico cuento de Navidad. Ese número le dio una vida que ahora nos cuenta junto a los más veteranos de los niños de San Ildefonso, testigos de tiempos y sorteos lejanos.
Historias sin padre
La existencia de Viñuales no era un camino de rosas. Perdió a su padre con 3 años, cuando se lo llevó una peritonitis. Ya no sabe si se acuerda de su cara o sólo le conoce por las fotos, «de tanto verlas y manosearlas». Se le fue con la llave de la despensa. Su madre, modista hasta entonces, se puso a trabajar en lo que pudo. A los 8 años, Viñuales entró en el Colegio de San Ildefonso para huérfanos de Madrid y al estallar la guerra se fue refugiado a Vilanova i la Geltrú. Tiempos difíciles, hambre, guerra y lágrimas emborronando la tinta de las cartas. Pero le salió el sol el 22 de diciembre de 1939, cuando cantó el 'gordo' en el Salón de la Lotería de la calle Montalbán de Madrid. En España aún resonaban los ecos de los tiros y Viñuales, con su vocecilla cantando el 13.093. Dando la suerte la recibió él mismo. Porque los quince millones fueron a parar a la cartera de don Alejandro, un militar de Jaén que quiso tener un detalle con los chavales y los llevó a almorzar a su casa mientras al país le hacían ruido las tripas. «Recuerdo que nos lo comimos todo. Ensaladilla, carne al horno, embutidos... Cosas que no habíamos probado nunca. ¡Pero si en Madrid no había ni garbanzos!».

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